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El 42 por ciento de los marroquíes que viven en España están en el paro La crisis se ceba con los extranjeros varones con ocho puntos más de desempleo que ellas

(03/08/2010)

El 42 por ciento de los marroquíes que viven en España están en el paro

La crisis se ceba con los extranjeros varones con ocho puntos más de desempleo que ellas

Día 03/08/2010
 
 
 
IGOR AIZPURU
 
Que la crisis se ha ensañado con los inmigrantes es algo sabido (más de un millón estaban en el paro a finales del año pasado); no lo es tanto, en cambio, que a algunos colectivos los está triturando. Es el caso de los marroquíes, la principal nacionalidad que vive entre nosotros (775.054 tienen tarjeta de residencia) y cuya tasa de desempleo alcanza ya el 42,4 por ciento (en torno a 350.000) cuando a finales de 2006 estaba en el 16,2 por ciento. Son trabajadores estrechamente vinculados a la construcción y a empleos temporales, de ahí que la recesión les golpeara de lleno desde el principio, igual que a rumanos, bolivianos y colombianos.
El año pasado, sin embargo, el desempleo creció sobre todo entre ucranianos, argentinos, peruanos, dominicanos y chinos, muy ligados a los servicios. Con todo, la peor parte se la llevó el colectivo ecuatoriano que, atención, en 2009 perdió la cuarta parte de sus ocupados o lo que es lo mismo más de cien mil personas de esa nacionalidad fueron a parar directamente a las colas del INE.
Todos estos datos aparecen en el IV Estudio Inmigración y mercado de trabajo del investigador Miguel Pajares, difundido por el Ministerio de Trabajo e Inmigración. El autor explica que el año pasado los extranjeros perdieron 339.300 empleos y su tasa de paro llegaba en diciembre hasta el 29,7 por ciento frente al 16,8 registrada entre los españoles. La cifra es aún más preocupante si se tiene en cuenta que los inmigrantes representan solo el 15,7 por ciento de la población activa.
Los varones son los que más han sufrido los efectos del desempleo, con una tasa del 33,1 por ciento frente al 25,5 por ciento de las mujeres inmigrantes, que se han convertido en el sostén de muchos hogares. Un número importante de esos hombres proceden de la construcción y llevan más de un año en el paro.
El autor dibuja varias tendencias: la inmigración legal se ha estancado de forma drástica; la crisis ha provocado la pérdida de un millón y medio de altas en la Seguridad Social entre españoles y extranjeros, aunque algunos como rumanos, búlgaros, chinos y bolivianos aumentaron su número de afiliados; y los extranjeros no están sustituyendo a los españoles cuando estos se quedan sin su puesto de trabajo.
Irregularidad sobrevenida
Contra todo pronóstico, en esta época de vacas flacas no parece haber aumentado la economía sumergida porque curiosamente este tipo de empleo «negro» se ha visto más afectado incluso que el reglado y oficial. Tampoco los datos avalan, según el estudio de Pajares, un incremento de los ciudadanos en situación irregular. Lo que sí se ha producido es un cambio en los motivos de esa irregularidad. Antes quienes no tenían papeles eran básicamente los inmigrantes que habían llegado por cauces no reglados (como turistas para quedarse, sobre todo); en los dos últimos años se ha disparado la llamada «irregularidad sobrevenida», que la sufren inmigrantes que tenían permiso de residencia y trabajo y los han perdido porque el paro les impide renovarlos.
Los trabajadores extranjeros, apunta el estudio, se mueven tres veces más que los españoles para buscar un empleo. Se trasladan de un municipio o de una comunidad a otra; salen de las ciudades para dirigirse a las zonas rurales y los que ya se han nacionalizado viajan a otros países europeos en pos de un futuro. Chinos, colombianos y marroquíes fueron los más emprendedores.
Pese a la dureza con la que les ha golpeado la crisis, los inmigrantes han optado por quedarse en España. «No se están produciendo retornos masivos», sostiene el informe, y quienes vuelven a su casa son sobre todos latinos que ya han obtenido la nacionalidad española y rumanos, es decir los que pueden regresar a nuestro país cuando quieran. «Tenemos por delante una etapa en la que las necesidades de inmigración serán bastante limitadas», adelanta el estudio. Habrá que centrarse en recolocar a los parados actuales, pero aun así pasada esa etapa transitoria España seguirá siendo un país de inmigración.
 

 

 

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