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Carmen González Enríquez: «Las mafias de la inmigración no se combaten con medios militares»

(25/05/2015)

Carmen González Enríquez: «Las mafias de la inmigración no se combaten con medios militares»

 

Carmen González Enríquez, investigadora del Real Instituto Elcano, cree que el reparto de asilados por cuotas se renegociará y tendrá éxito

 

Redacción / La Voz, 24/05/2015

 

 

 

 

 

Carmen González Enríquez, investigadora principal del Real Instituto Elcano, especialista en demografía, población y migraciones internacionales, prestigiosa estudiosa de la inmigración y la integración, observa entre esperanzada y escéptica los últimos acontecimientos ocurridos en la frontera sur de Europa y las medidas adoptadas por la Unión para evitar el drama. En su opinión, el intento de reparto de cuotas de asilados no deja de ser un paso adelante hacia el logro de una política común para estos asuntos. En cambio, cree que la operación de castigo planeada para reprimir a las mafias de la trata de personas en Libia puede tener efectos indeseados.

 

 

-¿Cómo valora la iniciativa europea para un reparto de refugiados por cuotas?

-La propuesta de la Comisión de hacer un reparto forzoso es un paso adelante positivo, porque acumulamos históricamente un problema importante de desconfianza entre los Estados del norte y los del sur de Europa. Aquéllos tradicionalmente han acogido a muchos más refugiados que los del sur, y eso ha hecho que cuando la ola de inmigración irregular y de refugiados ha llegado a la costa del sur y han pedido ayuda, los del norte se han sentido poco inclinados. Partían de la idea de que los del sur habían sido poco solidarios o egoístas, al no aceptar una parte alícuota de la carga de los refugiados.

 

 

-¿Le parece que tienen razón, o concuerda más con el rechazo de España?

-Es cierto que los refugiados son una carga económica para los Estados, al menos durante bastantes meses. Alemania se ha convertido en el primer país del mundo en refugiados absolutos, Suecia es muy generosa con esto, lo mismo se puede decir de Holanda, el Reino Unido... La UE lleva años intentando crear un sistema común de asilo, que se ha basado hasta ahora en la voluntariedad, pero que no ha conseguido mucho hasta el momento. Sigue estando pendiente el problema del reparto equitativo de las cargas. Eso es una cosa, otra es la concreción en cuotas. La discusión es sobre el peso de cada criterio. Se le ha dado un peso del 10 % al paro, y el Gobierno de España considera que eso es poco, y yo creo que en parte tiene razón, porque la tasa de paro condiciona sustancialmente la capacidad de cada Estado para acoger a los refugiados, porque eso implica integrarlos en el mercado laboral, y si no se les integra suponen un coste adicional para las finanzas públicas.

 

-¿Cree, entonces, que la propuesta ha fracasado?

-Espero que no. Francia ya ha mostrado también su oposición, y es un país decisivo, o sea que está claro que esto va a ser revisado y espero que tenga éxito.

 

-Vemos que los países que actualmente reciben más refugiados son Italia y Grecia. ¿Por qué se reduce la presión sobre España?

-Ha disminuido porque se ha dirigido hacia Libia. Con políticas bilaterales eficaces, desde primeros de los años 2000 con Marruecos y desde mediados de esa década en el resto del África atlántica, España ha conseguido una gran colaboración de los Estados de paso, de forma que ha disminuido muchísimo el flujo por ahí. En parte por eso, esa migración se ha dirigido a Libia, un Estado que no controla en absoluto su frontera externa y por tanto es mucho más fácil salir desde sus costas. No se trata tanto de que se reduzca la presión conjunta de la marcha hacia Europa sino que se desplaza de un lado a otro en función de la dificultad.

 

 

-¿Confía en la eficacia de la operación de la flota europea contra las mafias en aguas fronterizas con las de Libia?

-Francamente, no. Las mafias de la inmigración no se pueden combatir con medios militares. Las redes que organizan el viaje de las personas solo pueden destruirse con mucha información en la base, mucha información policial, que tiene que obtenerse en el terreno. Una vez que se ha obtenido, la red no se destruye de forma militar, se destruye con detenciones, juicios, etcétera.

 

 

-Ha dicho usted que incluso puede ser contraproducente

-Hay un gran riesgo de que al final la operación marítima que se está planteando, como no va a entrar en aguas territoriales libias, sino en aguas internacionales, puede convertirse en una gran operación no de combate a las mafias sino de rescate de inmigrantes y peticionarios de asilo, y eso puede tener a la vez un importante efecto llamada, lo que a mí me parece muy probable. Si las cosas se desarrollan como están ahora planteadas, los que ahora fletan los barcos desde la costa libia seguirán haciéndolo igual, pero cuando lleguen al límite de las aguas territoriales, traspasarán a los inmigrantes a pequeñas embarcaciones para que ellos mismos las dirijan a la flota; las fuerzas europeas los van a rescatar, y eso no supone de ninguna forma un combate contra las mafias sino claramente un factor de llamada.

 

«Saltarse la soberanía de los Estados emisores sería inaceptable»

 

-Da la impresión de que el Gobierno de España se ha enfrentado solo a sus problemas en la frontera sur. ¿Ve usted avances hacia una política común?

-Se han dado pasos, por ejemplo, Eurodac, la base de datos de huellas dactilares de peticionarios de asilo, para evitar que una misma persona pida asilo de forma sucesiva en distintos Estados; normas como la regulación de Dublín, que exige que el primer Estado de la UE en el que entra el refugiado sea el que asila; cuando eso sucede en Alemania o Suecia, funciona. Pero Grecia o Bulgaria, adonde están llegando masivamente, no tienen recursos para ocuparse de su mantenimiento ni para integrarlos en un mercado de trabajo.

 

 

-Es realista esperar que la ayuda al desarrollo ponga freno a la oleada migratoria?

-El debate sobre cómo aplicar la ayuda al desarrollo lleva muchos años produciéndose. Los instrumentos que los países desarrollados tienen para mejorar la situación de los países de origen están ya muy perfeccionados. Pero la eficacia que consiguen es la que consiguen. No hay soluciones mágicas. Las soluciones mágicas en este terreno pasarían por saltarse la soberanía de esos Estados emisores, y eso no está planteado por la comunidad internacional así que sería inaceptable. No me parece que podamos conseguir un desarrollo rápido de esos países por la vía de incrementar la ayuda.

 

 

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