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La crisis migratoria en el Mediterráneo desnuda la falta de cohesión de Europa

(10/08/2015)

La crisis migratoria en el Mediterráneo desnuda la falta de cohesión de Europa

 

Inmigrantes rescatados en barcazas precarias relatan qué los llevó a emprender un viaje donde muchos hallan la muerte

 

Redacción / La Voz, 09 de agosto de 2015.

 

 

El rostro de Muna dio un vuelco cuando vio cómo un buque de la Armada británica se acercaba al barco en el que viajaba desde Libia hasta las costas de Italia. Pero su sonrisa no quedó totalmente impresa en su cara hasta que la trasladaron desde el destartalado cascarón en el que se había echado al mar hasta el Bourbon Argos, una de las tres naves que forman parte de la operación puesta en marcha hace tres meses por Médicos sin Fronteras para hacer labores de rescate en el Mediterráneo.

 

El fondo de la historia de Muna no es diferente a la de los 225.000 inmigrantes que, según Acnur, han llegado a las costas de Europa a través del mismo mar que surcan ahora en verano decenas de cruceros. La mitad lo han hecho a través de Grecia. Solo entre enero y julio de este año por esa ruta han cruzado 124.000 personas. Las islas del país con la economía más depauperada de la UE son ahora la mayor puerta de entrada de inmigrantes al viejo continente.

 

Y es ahí donde organismos como el Frontex más echan en falta la escasez de medios desplegados por los Estados de la UE, algo que, a su juicio, pone en tela de juicio la solidaridad dentro de la Unión. «La gran puerta de entrada de inmigrantes a Europa es ahora Grecia porque aunque los buques que navegan por el ruta del Mediterráneo central llevan más gente, y cuando hay una tragedia es más dramático, son más los que llegan ahora por las islas del Egeo. Justo es ahí donde precisamos más medios, sobre todo agentes de frontera que ayuden a las autoridades griegas a registrar a toda esa gente», subraya el director adjunto de la agencia, el español Gil Arias.

 

Muna usó la ruta del Mediterráneo central, uno de los cuatro grandes puntos negros de la inmigración, junto con Grecia, España y los Balcanes. Por no hablar de los campamentos habilitados en la localidad francesa de Calais, donde centenares de personas aguardan una oportunidad para cruzar al Reino Unido a través del Eurotúnel.

 

Solo entre enero y junio de este año eligieron el mismo camino que esta somalí 67.261 personas, una cantidad parecida a los que eligieron la vía de los Balcanes (67.444), pero muchos menos de los que entraron a través de la ruta establecida por el oeste del Mediterráneo (entre enero y mayo, 5.429 personas).

 

Como ella, la mayoría huían de países en guerra o donde el futuro es tan opaco que no queda más remedio que dejar la vida en manos de un viaje en el que muchos solo hallan la muerte. La pregunta es por qué vienen a Europa cuando en África hay países con economías emergentes como Sudáfrica o la propia Etiopía. Quizá por una cuestión de racismo o religión como en Nigeria.

 

«No tenía sentido vivir en Somalia, un país tomado por la violencia donde lanzan bombas prácticamente a diario». A sus 35 años, Muna tiene tres hijos. El mayor, de 18, ha logrado el estatus de refugiado en Suecia. Los otros dos permanecen en Somalia. Pidió la reagrupación familiar. No se la concedieron y por eso emprendió el viaje.

 

«Tras salir de Somalia, crucé Sudán -cuenta- y llegué a Libia. Estuve 7 días metida en un camión para cruzar el desierto. En el camino pude ver el cuerpo de un joven sudanés. Al lado estaban otros compatriotas en muy mal estado, pero al menos estaban vivos. Después de cruzar la frontera pude ver hombres armados que llegaban desde Níger. No importaba que fueras mujer porque allí nos trataban igual de mal».

 

El peligro de Libia

No es la única que habla sobre la explotación a la que son sometidos durante el viaje. «Conocía perfectamente lo que pasaba porque mis amigos me lo habían contado a través del Facebook, pero no tenía elección», cuenta Fresghy. Este joven de 20 años abandonó Eritrea, a la que algunos llaman la Corea del Norte africana, hace más de 18 meses. Como tantos otros fue rescatado en el mar. «Un día no dije nada y me fui», recuerda. Estuvo en un campo de refugiados en Etiopía. Muchos paran en Jartún (Sudán) para reunir fondos que les permitan sobrevivir a las mafias en Libia y, desde allí, embarcarse rumbo a Europa. Un pasaje en un barco negrero cuesta entre 4.000 y 6.000 dólares. «No tener dinero cuando llegas a ese país es como llamar a la muerte», explica. Los que logran llegar son tratados como esclavos. Mohamed, un ingeniero que trabajó, primero en Arabia Saudí, y luego como traductor en Sudán para Médicos sin Fronteras, estuvo retenido en una casa con otros muchos hasta que un día lo subieron a él, su esposa y cinco hijos a un buque. Estuvo hacinado en el barco hasta que lo rescataron. Como Yasef o Joshua, que con tres años guarda ya en su memoria el horror de una odisea.

 

La UE señala a los Estados y los culpa de no desplegar los medios adecuados

Las fronteras de Europa son escenario de una grave crisis humanitaria. El viejo continente se enfrenta al mayor movimiento migratorio de refugiados desde la II Guerra Mundial. El éxodo y el número de peticiones de asilo, como señala Gil Arias, son ya superiores a los que se registraron durante la Guerra de los Balcanes a principios de la década de los noventa. «El año pasado pidieron el estatuto de refugiado en Europa 625.000 personas. Durante el año más duro de la Guerra de los Balcanes lo hicieron 400.000. En lo que va de año hemos observado que el número de personas que lo demandan va en aumento, por lo que podría haber un nuevo récord», explica.

 

Para centenares de personas el viaje es como una ruleta rusa. La mayoría llegan de países en conflicto como Afganistán, Siria Eritrea, Somalia, Mali, Chad, Nigeria... Incluso los que están concentrados en la frontera de los Balcanes han cruzado antes por Grecia y ahora usan ese camino para llegar a su último destino.

 

Lo dramático es que ante un problema de esta gravedad las políticas diseñadas en los despachos de Bruselas parecen no avanzar acordes con el interés de los diferentes Estados. Desde Frontex, la agencia europea, denunciaron esta misma semana que los medios que estos ponen a su disposición son insuficientes y que no alcanzan, lo que también advierten la ONU y diferentes oenegés implicadas. «Reclamamos a la UE y a los Estados miembros que aumenten los recursos de las operaciones de búsqueda y salvamento y que las mantengan el tiempo que sean necesarias», explica Paula Farias, coordinadora de la operación de MsF en el Mediterráneo.

 

Gil Arias explica que las críticas de Frontex no son por falta de presupuesto, sino por no disponer de medios. «Dependiendo de la zona requerimos unas cosas u otras -apunta-. En el Mediterráneo central es necesario un aumento de barcos o aviones, aunque con los medios de que disponemos allí nos vamos arreglando. Pero en otras zonas como las islas griegas se precisan guardias de frontera que ayuden a los griegos a llevar los registros de entrada, hacer entrevistas...».

 

Demandas reiteradas

Recuerda que la primera demanda de más medios a los Estados de la UE fue realizada en junio. «Luego volvimos a pedir en julio y la respuesta que hemos obtenido para el resto del año resulta muy pobre porque es menor de lo que esperábamos».

 

Desconoce cuales son las causas de esa falta de respuesta porque, como añade, «no explican cuáles son las razones. Comunican, por ejemplo, "le cedo un barco dos semanas". Con eso hacemos la planificación de trabajo». Con todo, cree que «la razón es que los Estados tienen sus propias operaciones nacionales de control por lo que los medios que podrían cedernos los tienen ocupados en ellas. La lejanía a la que se encuentran algunos Estados que podrían proporcionar medios como Reino Unido o los países nórdicos hacen poco rentable el envío».

 

Junto con los problemas en la frontera del Mediterráneo, Europa parece haber puesto una nueva frontera en Calais. «No tengo elementos de juicio para hablar de ese caso, pero el Reino Unido no aplica la normativa Schengen. Respecto a la demanda de solidaridad no puede estar solo a las maduras».

 

 

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